
«Mi yugo es llevadero y mi carga ligera»
XIV T. ORDINARIO
(Mateo 11, 25-30)
Son muchos, probablemente mayoría,
los que quieren liberarse de responsabilidades
e incluso de incomodidades.
Lo que se busca es la comodidad,
el no tener que arriesgarse,
el pasar desapercibido en los momentos en que hay que dar la cara.
Mejor, dicen, que lo hagan otros,
no vaya a tocarme a mí comerme el marrón.
Lo tuyo, Señor, es una invitación en toda regla
a seguirte porque no cargas fardos
sobre ningún ser humano
que no se puedan llevar.
Más bien, al contrario:
cualquier corazón humilde puede
caminar sin caerse,
si realmente se fía de ti.
Te pido que me ayudes
a seguirte,
confiando en que, con tu ayuda
y poniendo un poco de mi parte,
encontraré el descanso que prometes a los tuyos.
Sé que no me pides imposibles,
ni me abrumas con normas incomprensibles,
ni con amenazas si no las cumplo al pie de la letra.
Sé que lo que buscas en cada persona
es limpieza de corazón,
generosidad,
humildad
y, sobre todo, amor.
Tu yugo, Señor, está hecho de ternura
que lleva a quien lo escoge a vivir en paz
consigo mismo y con los demás.
Tu carga es un amor infinito
que entrega la vida por mí.
Ayúdame, sí, a saber verte en cada hermano,
y amarte como tú me amas.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)





