historia de la parroquia

perchel y alameda - 1975
Vista del barrio del Perchel con la parroquia de San Pedro en el centro (1975).

En breve

La iglesia parroquial de san Pedro Apóstol de la ciudad de Málaga fue declarada bien de interés cultural con la categoría de monumento el 11 de enero del año 2005. Está situada en el antiguo barrio de Los Percheles, en la margen derecha del río Guadalmedina.


La parroquia fue creada, como tal, aunque solamente para atender a los fieles en momentos de urgencia, a comienzos del siglo XVII. Era como una auxiliar de la parroquia de san Juan, levantada en la margen izquierda del río, a la que pertenecían espiritualmente los habitantes del barrio perchelero.

El actual templo empezó a construirse en 1630 y nunca llegó a terminarse pues los primeros planos fijaban un edificio de tres naves y solamente se levantó una, de pequeñas dimensiones y altos muros. Quedó inaugurado a principios de 1659.

En 1883, san Pedro se encontraba en muy mal estado y, para poder ser restaurada, los cultos y los servicios parroquiales fueron trasladados a la cercana iglesia del convento de padres carmelitas, que era más amplia. Allí continuó durante varias décadas e incluso adoptó el nombre de Parroquia de san Pedro y Nuestra Señora del Carmen.

En enero de 1943, como consecuencia de haberse creado la nueva parroquia de Nuestra Señora del Carmen, separada de la de san Pedro, ésta regresó a su primitivo templo.

Previamente había sido restaurada de los graves daños que tuvo en la noche del lunes 11 al martes 12 de mayo de 1931, cuando fue incendiada, al igual que la mayoría de los templos y conventos de la ciudad. No quedó enteramente destruida, como sí sucedió con otras iglesias, como la de la Merced, que desapareció por completo. Todas las imágenes (algunas de ellas de gran valor, entre las que había varias tallas de Pedro de Mena), los documentos y el mobiliario fueron pasto de las llamas.

En 1950 el obispado encomendó el cuidado de esta parroquia a los padres claretianos, que también tenían a su cargo las del Carmen y san Patricio.

La parroquia volvió a ser dirigida por sacerdotes diocesanos en 1981, año en que José Miranda Sáinz fue nombrado párroco. Casi 30 años estuvo este sacerdote al frente de la misma. En 2010 le sucedió en el cargo Alfonso Crespo Hidalgo, que por entonces era vicario parroquial. En la actualidad continúa al frente de la misma.

En el año 2011 se llevaron a cabo importantes obras en el templo. Consistieron en una remodelación total de la iglesia y de las dependencias anejas.

El templo consta de una sola nave, de muros muy elevados rematados por una bóveda de estilo mudéjar con una rica armadura de par y nudillo.

A la izquierda de la nave, según se entra, se encuentran tres capillas, abiertas al templo con unas rejas de fundición y forja. Las dos primeras, realizadas en 1943, están dedicadas a las imágenes titulares de la cofradía de la Expiración: el Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores. La tercera es la capilla del Sagrario, levantada en el siglo XVIII, de planta hexagonal y con una hermosa cúpula con seis pinturas de temas marianos.

Frente a ella, al otro lado de la nave,  está la pila bautismal, que es de forma circular. Fue tallada en el siglo XVIII y es de piedra caliza pulimentada. Va sobre un pie cilíndrico que nace de una base octogonal. Sobre la pila, en la pared, la siguiente inscripción: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

A los pies de la nave se sitúa un elevado coro realizado en madera.

En la fachada principal destaca la portada primitiva del templo, de piedra rojiza. A uno de sus lados, una gran portada de corte neoclásico que da acceso a la capilla del Cristo de la Expiración. Al otro, la torre campanario, en forma de prisma cuadrangular, que sustituyó a la primitiva espadaña. Entre portada y torre, un mosaico con las imágenes titulares de la cofradía de la Expiración.

San Pedro Apóstol: Cuatro siglos de historia

La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol se encuentra situada en el antiguo barrio de los Percheles, en la ciudad de Málaga, en la margen derecha del río Guadalmedina. El 11 de enero de 2005 fue declarada bien de interés cultural, con la categoría de monumento (BOE de 16 de marzo de 2005).

La ciudad de Málaga fue reconquistada por los Reyes Católicos el 18 de agosto de 1487 y el primer templo cristiano que se edificó en ella, tras la reconquista, fue dedicado a san Pedro Apóstol, en 1488. Se desconoce el lugar exacto en el que estuvo levantado. Durante los años 1490 y 1491 se edificaron las tres primeras parroquias: Santiago, san Juan y la de los Santos Mártires Ciriaco y Paula: Fueron las únicas existentes a lo largo de un siglo.

La parroquia de san Pedro fue creada a principios del siglo XVII, para prestar asistencia sacramental urgente a los fieles del otro lado del río Guadalmedina. Éstos pertenecían espiritualmente a la parroquia de san Juan, pero sus curas, en determinadas épocas del año (como en los períodos de crecidas del río), no podían atenderlos.

Se desconoce la fecha exacta en que se construyó la iglesia. Sí existe un documento (conservado en el Archivo Histórico Provincial de Málaga), fechado el 31 de diciembre de 1629, en el que los firmantes del mismo se obligaban a concluir las obras del templo en dos años. Lo construido hasta entonces debía derribarse e iniciar una nueva construcción conforme a los planos del maestro mayor de la catedral Pedro Díaz de Palacios. El plazo no se cumplió y el templo quedó a medias. Años más tarde, en las Actas Capitulares del Cabildo de la Catedral del 9 de septiembre de 1658 se dice que el Cabildo acordó que se continuase la obra de san Pedro hasta cubrirla, por el peligro que suponía y por la pérdida de materiales.

Es probable que la iglesia fuera inaugurada a principios de 1659. El retraso en casi tres décadas en la finalización de las obras, que deberían haber concluido en dos años, pudo deberse al largo período de tiempo en que la diócesis no tuvo obispo o a que los que fueron nombrados no residieron en ella. También pudo influir la peste que padeció Málaga desde 1637 a 1639, que causó miles de muertos y gran empobrecimiento de la ciudad.

El proyecto del maestro mayor Díaz de Palacios fijaba que la iglesia tendría tres naves, torre, capilla mayor, sacristía, etc., “todo ello muy bien hecho y de buen material”. La obra resultante fue un templo mucho menor, de una sola nave de altura muy elevada y una espadaña.

El 18 de agosto de 1835 fueron expulsados de Málaga todos los religiosos. El Gobierno de la Nación, en marzo de 1836, se incautó de los bienes de los religiosos expulsados. El convento de los Carmelitas Descalzos del Perchel, que había sido fundado en 1584 y se encontraba dentro de la demarcación parroquial de san Pedro, también fue incautado por las autoridades. El Ayuntamiento de Málaga lo reclamó, alegando derecho de recesión pues había cedido en su día a los carmelitas la capilla de san Andrés para que construyeran allí el convento. El Gobierno del general Espartero accedió a esta reclamación el 30 de julio de 1842 y el Ayuntamiento malagueño pasó a ser propietario del Carmen.

En 1856, a petición de los vecinos del Perchel y del párroco de san Pedro, el Ayuntamiento de la ciudad, que tenía la propiedad de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, llamada también capilla de Torrijos, cedió ésta, que era más amplia, para que se trasladara a ella la parroquia, quedando san Pedro como templo auxiliar. El obispo Juan Nepomuceno no lo aceptó pues entendió que las condiciones impuestas por el consistorio limitaban la libertad eclesiástica, ya que el Ayuntamiento seguía teniendo competencia sobre el uso de la iglesia del Carmen.

En 1883, la iglesia parroquial de san Pedro se encontraba en muy mal estado y era urgente que se realizaran importantes obras en ella. Los cultos y el archivo parroquial fueron trasladados a la cercana iglesia de Nuestra Señora del Carmen, que había sido pedida al Ayuntamiento 27 años antes y la cesión, como se ha visto antes, no fue aprobada por el obispo. Durante los primeros años, tras este traslado, en los documentos parroquiales figuraba únicamente el nombre de la parroquia de san Pedro. Poco a poco fue uniéndose a éste el de Nuestra Señora del Carmen, que, con el tiempo, terminó por imponerse.

En 1 de julio de 1894, siendo obispo malacitano el beato Marcelo Spínola, entraron en vigor cinco nuevas parroquias de Málaga. En la capital, hasta entonces, había 16 (para una población de 147.000 habitantes) y se pasó a 21. Entre las de nueva creación se encontraba la dedicada a san Patricio, primer obispo de la diócesis, que murió mártir a comienzos del siglo IV, por la misma época en que fueron martirizados los jóvenes Ciriaco y Paula. Esta parroquia se desgajó de la de san Pedro, ya que había crecido bastante la ciudad por esta zona.

La iglesia de san Pedro estaba cerrada casi todo el año. Solamente se abría en Semana Santa (para la salida de los pasos de la cofradía de la Expiración, que había cobrado vida el 2 de mayo de 1920) y en la festividad del titular del templo. La parroquia continuaba celebrando los cultos en la iglesia del Carmen. A partir de 1924, oficialmente pasó a denominarse Parroquia de san Pedro y Nuestra Señora del Carmen.

Los días 11 al 13 de mayo del año 1931, en diferentes zonas de España (principalmente del este y del sur de la península), se produjeron saqueos, asaltos y quema de iglesias y conventos. Málaga fue la ciudad más afectada durante estos trágicos sucesos y buena parte de su patrimonio religioso, artístico, cultural e histórico fue destruido para siempre. Desde las 10 de la noche del día 11 a las 6 de la tarde del 12, las llamas devoraron la mayoría de los templos y conventos malagueños. En la plaza de san Pedro ardieron todas las imágenes (entre ellas varias esculturas de Pedro de Mena), cuadros, bancos y utensilios que habían sacado a la plazuela. La intervención del sacristán y de algunos vecinos que vivían en las casas adosadas al templo impidieron que los incendiarios redujeran a cenizas toda la iglesia (aunque quedó en total ruina y abandono), ak igual que sucedió con otras, como la de la Merced, que desapareció por completo. El párroco de san Pedro y Nuestra Señora del Carmen, José Campaña Herrero, fue asesinado el 24 de julio de 1936, pocos días después de comenzar la guerra civil.

El obispo Balbino Santos y Olivera había llegado a la diócesis malacitana el 4 de octubre de 1935, sucediendo en la mitra a san Manuel González García, que se vio obligado a salir de Málaga en 1932 y fue enviado, tres años más tarde, a Palencia. Concluida la guerra civil, en 1 de enero de 1943, quedaron reorganizadas todas las parroquias de la diócesis, creándose 40 nuevas en el medio rural y 10 en la capital, que entonces tenía ya 241.000 habitantes. En esta nueva reordenación, se creó la nueva parroquia de Nuestra Señora del Carmen, separada de la de san Pedro y regresando ésta a su antigua sede. Francisco Blanca Boezo había sido nombrado párroco a finales de noviembre del año anterior. El templo estaba en completa ruina y los servicios parroquiales se establecieron, de manera provisional, en la iglesia de santo Domingo.

A finales de 1943 dieron comienzo las obras de restauración de la iglesia, bajo la dirección del arquitecto diocesano Enrique Atencia Molina. Se hizo un nuevo presbiterio, se limpiaron las paredes y el artesonado y se construyó la torre campanario. La Cofradía de la Expiración construyó dos capillas, adosadas al templo parroquial, en el solar que en su día había ocupado la casa del sacristán. En ellas se exponen sus imágenes titulares: el Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores.

La iglesia restaurada quedó abierta al culto el 26 de junio de 1945, en una solemne ceremonia presidida por el obispo de la diócesis, Balbino Santos, a la que asistieron todas las autoridades y numerosos vecinos percheleros. La renacida parroquia de san Pedro comenzaba su nueva andadura. Su párroco, Francisco Blanca, pidió ayuda a los padres claretianos, que tenían encomendada la parroquia de san Pedro y del Carmen desde el 1 de junio de 1937, y que, a partir de esta fecha, quedaban separadas formalmente.

En abril de 1950, tras dejar Francisco Blanca la parroquia de san Pedro, por motivos de edad y de salud, el obispo se la encomendó a los padres claretianos, que recibieron también la nueva de san Patricio y siguieron dirigiendo el Carmen.

La parroquia volvió a ser dirigida por sacerdotes diocesanos en 1981, año en que José Miranda Sáinz fue nombrado párroco. Casi 30 años estuvo este sacerdote al frente de la misma. En 2010 le sucedió en el cargo Alfonso Crespo Hidalgo, que por entonces era vicario parroquial. En la actualidad continúa al frente de la misma.

En el año 2013 se llevaron a cabo importantes obras en el templo. Consistieron en una remodelación total de la iglesia y de las dependencias anejas.

Consta de una sola y sencilla nave (el proyecto inicial de 1629 establecía tres), de elevada altura. En ella aparecen combinados elementos ornamentales clásicos, heredados del renacimiento. La bóveda, de estilo mudéjar, muestra una magnífica armadura de par y nudillo.

A los pies de la nave se levanta, muy elevado, el coro, construido en madera.

Al lado izquierdo del altar se encuentra la pila bautismal, realizada en el siglo XVII, en piedra caliza, tallada y pulimentada. Es de forma circular y está asentada sobre un pie cilíndrico de base octogonal. En esta pequeña capilla, sobre la pila, está la siguiente inscripción: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

En el lado izquierdo de la nave, desde la entrada al templo, se abren tres capillas.

La primera está dedicada al Santísimo Cristo de la Expiración. Es de planta cuadrangular y está cubierta por una falsa bóveda de ocho paños, con óculos (pequeñas ventanas circulares) en los lados exteriores y linterna superior. El acceso desde la nave de la iglesia se realiza a través de un vano de medio punto, que está cubierto con una reja de fundición y forja formada por balaustres negros y dorados y un friso que lleva decoraciones vegetales y roleos.

La segunda capilla es la de Nuestra Señora de los Dolores. Su planta es rectangular y está cubierta por un techo plano decorado con pinturas doradas. El acceso a la misma es similar al de la capilla anterior.

Estas dos capillas, realizadas por el arquitecto Enrique Atencia Molina en 1943, están decoradas con pinturas al temple, en composiciones en forma de trapezoides, que representan temas de la Pasión de Cristo. Las pinturas las hizo Wenceslao Chamorro en 1951.

En el primer cuarto del siglo XVIII se construyó la monumental capilla del Sagrario, de claro estilo barroco, atribuida al maestro Unzurrunzaga. Es de planta hexagonal y está cubierta con una bóveda semiesférica sobre tambor con ventanas rectangulares entre las pilastras y con abundante decoración de yeserías. Seis pinturas al fresco, entre las pilastras, presentan temas marianos: Desposorios, Anunciación, Visitación, Adoración de los pastores, Adoración de los Reyes y Presentación de Jesús en el templo.

El exterior del templo tiene elementos arquitectónicos que no corresponden a la primitiva estructura, pues se han ido añadiendo en las diferentes reconstrucciones y reformas. Sí es original la portada, realizada en piedra rojiza, en forma de retablo, en cuya parte superior aparece una hornacina y, encima, un escudo episcopal. Sobre ella, tres óculos.

La puerta de acceso a la iglesia es de doble hoja, de madera, con postigo y remaches de hierro, y fue realizada en la segunda mitad del siglo XVIII.

En el lado izquierdo de la fachada existe otra puerta, también de madera con remaches de hierro, de mayores dimensiones, que da acceso a la capilla del Cristo de la Expiración.

En el lado derecho de la fachada se alza la torre, de forma cuadrangular y con ventanas rectangulares.

Entre la torre y la portada principal hay un mosaico en el que están representadas las dos imágenes de la cofradía de la Expiración.

Los datos han sido tomados del Boletín Oficial del Estado del 16 de marzo de 2005 y del trabajo del claretiano Leonardo Mayor Izquierdo que, con el título “Parroquia de San Pedro Apóstol”, fue impreso en Gráficas del Carmen, en Málaga, el año 1980.

Escrito por José Manuel Serrano Álvarez.