Sacramento de la confirmación

¿Por qué hay que confirmarse?

¿Qué es la Confirmación?  “Se llama Confirmación porque confirma y refuerza la gracia bautismal. Se llama Crismación, puesto que un rito esencial de este sacramento es la unción con el Santo Crisma” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 266)

La práctica más común entre nosotros era la de bautizar a los niños recién nacidos y dejar la Confirmación para más tarde. En la Iglesia ha habido prácticas muy distintas a lo largo de los tiempos, aunque casi siempre el orden de estos tres sacramentos era el de Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Actualmente, en nuestra diócesis, este es el orden. Pero hay muchas personas adultas que no están confirmadas.

La Confirmación  es un sacramento relacionado con el Bautismo, inseparable del mismo en su significado, aunque se le separe en el tiempo. La misma palabra Confirmación quiere decir ratificar, sellar, hacer firme aquello que comenzó en el Bautismo. Por tanto, no quiere decir que “yo ratifico mi fe, que yo me confirmo”, sino que el Espíritu Santo ratifica y hace firme en mí la gracia bautismal. La Confirmación, pues, plenifica el Bautismo.

La Confirmación constituye actualmente un verdadero sacramento distinto del Bautismo, que en la misma celebración pone de relieve los aspectos y signos que expresan el don del Espíritu, pero nunca podemos separar totalmente ambos sacramentos. Por eso, también ahora, cuando se bautiza a un adulto, en la misma celebración se le confirma y participa de la Eucaristía.

Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los sacramentos de la Iniciación cristiana, cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso concienciar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras. Este sacramento, pues, al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece la gracia recibida en el Bautismo.

Si no estás aún confirmado,
sería conveniente que te plantearas completar tu “Iniciación cristiana”.