Lectura para el verano

El Papa nos escribe una carta

El Papa nos ha escrito una carta

El papa Francisco no ha escrito una nueva Carta, titulada Gaudete et exsultate (Alegraos y regocijaos), en la que nos invita a reflexionar sobre «la llamada universal a la santidad». Consta de 5 capítulos y 177 números. Es el primer documento dirigido directamente al lector.

En la introducción, el Papa explica el cometido de esta Carta: «Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más la llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor».

 

Los santos de la puerta de al lado

El Papa nos invita a pensar en los santos «de la puerta de al lado». Es decir, no solo en los «ya beatificados o canonizados». Dice: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad de la puerta de al lado, la clase media de la santidad». Todos estamos llamados a ser santos, y en nuestro camino de santidad cuenta mucho nuestra relación con el prójimo: «no es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio, por lo que la relación con el prójimo es fundamental».

 

No tener miedo a la santidad

El Pontífice también anima a no tener miedo a la santidad, puesto que «no te quitará fuerzas, vida o alegría sino todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó». Y señala dos enemigos actuales, y sutiles, de la santidad: primero,  el gnosticismo que posee «una superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento». El segundo enemigo es el pelagianismo,  que defiende que todo se puede con la voluntad humana: «La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa».

 

El camino de la santidad: las Bienaventuranzas

¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?, se pregunta el Pontífice. La respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el Sermón de las Bienaventuranzas. En la Exhortación, lamenta que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos: «Por una parte –critica el Papa– el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia». Podríamos decir: volcarse en el hacer, olvidándose de la relación con Dios. O el otro extremo: recluirse en la relación intimista con Dios, olvidándose de las necesidades del hermano, y del compromiso por solucionarlas. El Papa nos invita a practicar la misericordia como camino de santidad: «quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia».

 

Tentaciones y antídotos para la santidad

Señala Francisco que en nuestra sociedad se manifiestan diversas trabas para la santidad:  «la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual». Y señala una serie de antídotos: aguante, paciencia y mansedumbre; alegría y sentido del humor; audacia y fervor; en comunidad; en oración constante.

 

Un combate permanente

La Exhortación termina con un capítulo dedicado al combate, la vigilancia y al discernimiento. Sobre lo primero, Francisco subraya que «la vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida». Este combate invita a la vigilancia contra el diablo. Para este combate: «tenemos las armas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero».

 

La importancia del discernimiento

Se pregunta el Papa: «¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo?». Responde: «La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir». Y reflexiona: «Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante y sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento». El discernimiento exige el silencio de la oración detenida para percibir mejor el significado real de las inspiraciones que creímos recibir.

 

María, «la santa entre los santos»

El Papa Francisco desea que «María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús y recuerda que es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña».

Termina el Papa con este anhelo: «espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar».

 

Alfonso Crespo Hidalgo

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