tema II - El año litúrgico

Un nuevo año litúrgico
El Año litúrgico es un camino para vivir los misterios de Cristo, haciendo memoria de su nacimiento, muerte y resurrección. La Iglesia celebra los “misterios de nuestra fe” e invita a todos los cristianos a sumarnos a este recorrido, guiado por la fe, sostenido por la esperanza y alentado por la caridad.
El Concilio Vaticano II recogió todo un movimiento espiritual de renovación de la vida litúrgica de la Iglesia. Y puso este manantial de vida al alcance de todos sus miembros. Vivir el año litúrgico significa orientar las mejores energías para hacer participar a toda la comunidad cristiana de una manera gozosa y comprometida en la vida de nuestra Iglesia.
El Año litúrgico, un pedagogo que nos ayuda a ser santos
El tiempo litúrgico de la Iglesia tiene su fundamento en la misma realidad del tiempo cósmico, con sus estaciones, el ritmo de los días, las semanas, los años. Pero acoge también la dimensión bíblica del tiempo como espacio lleno de la presencia del Señor de la creación y de la historia. El Año litúrgico no es simplemente un “calendario” es sobre todo la memoria de una “historia de salvación”.
A lo largo de cada año, la Liturgia de la Iglesia celebra el misterio de nuestra salvación, recorriendo los misterios de la vida de Cristo, el Señor. Durante el curso de un año, la Iglesia nos hace entrar en contacto con cada uno de los misterios de la vida de Cristo para actualizar en nosotros la obra de la salvación.
El Año litúrgico comienza el domingo I de Adviento y termina con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Domingo tras domingo, semana tras semana, día tras día y hora tras hora, Cristo actualiza su obra salvadora en el tiempo, entregándose a su Iglesia para santificarla (Cf. Ef.5, 26-27).
La doble mesa: de la Palabra y del Pan eucarístico
Hay quien habla de una doble mesa en la Eucaristía: la mesa de la Palabra y la mesa del Pan eucarístico; también podríamos afirmar que se trata de una sola mesa con dos momentos celebrativos fundamentales: la escucha de la Palabra y la comida del Pan eucarístico.
Al servicio de la mesa de la Palabra está el Leccionario. Para vivir el misterio de Cristo a lo largo del Año litúrgico, la Iglesia ha tomado en las manos la Escritura, y, como el padre de familia que da a sus hijos el alimento oportuno (Cf. Mt 24,45), extrae de ella lo nuevo y lo viejo (Cf. Mt 13,52). Así, sigue el ejemplo de Jesús, que continuamente remitía a las Escrituras para referirse a su propia persona y a la obra de salvación para la que había sido enviado (Cf. Lc 4,21; Mc 12,10; Mt 21,42; Jn 5,39).