
PASAR POR EL OJO DE UNA AGUJA…
«No hay nadie bueno, más que Dios», responde el Maestro, ante la demanda de aquel que se le acercó corriendo y le preguntó: Maestro bueno,

«No hay nadie bueno, más que Dios», responde el Maestro, ante la demanda de aquel que se le acercó corriendo y le preguntó: Maestro bueno,

«Lo que Dios ha unido…». Conocemos esta máxima evangélica, pero quizás hoy, nos cuenta completarla: «¡que no lo separe el hombre…!». Es verdad que nos

«El bien puede florecer incluso en el campo enemigo». Somos muy celosos de lo nuestro y, cuando nos sentimos cerca de Dios, podemos creer que

«El Señor, sostiene mi vida», confesamos en el Salmo 53. Es un grito de fe: Dios es el único Absoluto, antes que todo y que

«Ante el amigo no hay que medir las palabras». Cuando dos personas dialogan es fundamental que se identifiquen. Cuando el diálogo es franco y leal,

«Hace oír a los sordos y hablar a los mudos», dice el Evangelio, alabando a Jesús, y concluye: ¡Todo lo ha hecho bien! El lenguaje

«Si no cambia el corazón… no cambia el mundo». Hay algo que los hombres y mujeres de hoy queremos ingenuamente olvidar una y otra vez:

«¿También vosotros queréis marcharos?», pregunta Jesús, con el corazón roto. El Maestro ha terminado el discurso sobre el «pan de vida»: ha anunciado su sacrificio

¡Qué triste es comer solo! Los sacramentos han ido adquiriendo con el paso del tiempo un carácter cada vez más ritualizado hasta el punto de

«Yo soy el pan que ha bajado del cielo», asegura Jesús, que continúa exponiendo a los discípulos el discurso del «Pan de vida». Los que