
En el nombre del Padre…
La soledad es un cáncer oculto. La soledad es el enemigo número uno de nuestro tiempo, la plaga más sutilmente extendida y mejor disimulada. Nunca

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«El gran desconocido». Así se ha descrito al Espíritu Santo. Es fácil descubrir un Dios Padre «creador de cielo y tierra», que nos envió a

Lo mejor de mí, reside en la esperanza. La perfección del hombre es concebida como una superación, un progreso, un camino hacia la madurez. Perfeccionarse

«Dios es amor». En el Evangelio hay frases que son como relámpagos. Frases que resumen de una forma gráfica y sencilla el insondable misterio de

«Sin mí, no podéis hacer nada», sentencia el Señor. Y como Maestro nos lo explica con una bella imagen: la parábola de la vid y

El hombre moderno es un gigante con pies de barro. Si su vida se cotizara en bolsa, ésta andaría en continuos sobresaltos. ¿No hemos puesto

Aterrorizados, creían ver un espíritu, señala el Evangelio, ante una nueva aparición del Maestro. Contaban los discípulos de Emaús su experiencia de encuentro con el

«Se llenaron de alegría al ver al Señor». Esta fue la reacción de los discípulos al mostrarle Jesús las llagas de las manos y del

«¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro…?», es la inquietud que llevan en su corazón María Magdalena y las otras mujeres, que iban con aromas

El Sábado Santo apresura sus horas, para no vivirlas. No se puede soportar tanta soledad. La Iglesia no hace hoy ninguna celebración, sino que, como